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miércoles, 6 de diciembre de 2023

Toulouse


Con la incertidumbre de los días que finalmente dispondríamos, a última hora programamos una escapada que teníamos pendiente años atrás a la capital de la región de Occitania en el sur de Francia.

La idea es combinar un poco de montaña con unos días de visitas turísticas.

Ponemos rumbo hacia el Pirineo Francés con la incógnita de si podremos disfrutar de la nieve, dadas las malas condiciones climáticas existentes en lo que se refiere a nivología que está sufriendo el Pirineo en general a estas alturas del año. De hecho, cruzamos el Túnel de Puymorens, ya en territorio francés, y ni rastro de restos de precipitaciones. El paisaje tiene tintes de un otoño perpetuo. Alcanzamos la población de Ax les Thermes, población de gran afluencia invernal dada la cercanía de dominios esquiables, la cual no presenta ningún signo de turismo invernal. En la localidad de Les Cabannes cogemos un desvío para ascender hasta la zona de Le Plateau de Beille, con la esperanza que en cotas altas podamos encontrar restos de nieve. La subida es larga y desoladora, pues alcanzamos cotas de 1.500m y no hay rastro de clapas de nieve. No es hasta poco antes de llegar a nuestro destino que empezamos a ver los primeros restos de nieve. Alcanzamos finalmente el parking de la estación de Le Plateau de Beille, donde parece que la acumulación de precipitación es más importante, pero no lo suficiente como para practicar una salida con raquetas. Es por ello que decidimos hacer una excursión por los alrededores solo con las botas de montaña, pero enseguida vemos que a medida que avanzamos la acumulación de nieve va siendo más importante, con lo que reconsideramos nuestros planes y optamos por volver unos metros para calzarnos las raquetas de nieve que traíamos por si se daba el caso.

Dadas las sorprendentes condiciones y espesor del manto nival que encontramos, partimos con la intención de hacer una ambiciosa salida alrededor del Le Plateau de Beille. Iniciamos los primeros pasos por una zona boscosa, para ganar metros en ascensión hasta salir a una zona más abierta en clara dirección a le Cabane Beille d'en Haut, a 1.939m de altitud.

Disfrutamos de un clima sereno, una acumulación de nieve suficiente y la ausencia de gente que se haya atrevido a probar suerte para disfrutar de una salida invernal por la zona. Realmente la jornada está siendo muy superior a nuestras expectativas iniciales. Las copas de los árboles están “enfarinadas”, previsiblemente a consecuencia de una reciente nevada, que a la postres es la responsable de que podamos estar disfrutando de este paseo invernal. A la vuelta pasamos por la coqueta Cabane de Piparlan y enseguida nos adentramos de nuevo en el bosque, a través del cual nos acercaremos a nuestro punto de partida. Finalmente hemos logrado una bonita y agradable salida por las montañas nevadas del Pirineo Francés suficiente para matar el gusanillo de nieve que teníamos.

Antes de que caigan los últimos rayos de sol, nos ponemos en marcha rumbo a la población de Tarascon, con la intención de pasar noche en esta tranquila población a orillas del río Ariège.

Al día siguiente nos dirigimos a realizar otra excursión programada. En este caso la idea es visitar el Castillo de Montsegur. Para ello tomaremos la carretera local D117, una entretenida, estrecha y revirada calzada que con cuidado y  paciencia nos conduce hasta nuestro destino. Aparcamos en un cómodo parquing en el arcén de la carretera. En esta ocasión estamos acompañados por otros visitantes que han optado por la misma visita que nosotros. La subida al castillo es pronunciada pero rápida, y tras pasar la caseta donde deberemos pagar por el acceso a este vestigio defensivo, enseguida alcanzamos la cima del Pog, a 1.207m de altura, donde encontramos los restos del  castillo. Tras contemplar las vistas panorámicas y dar una vuelta a los alrededores de la fortaleza, deshacemos el camino. Acto seguido ponemos rumbo a la población de Mirepoix. Aunque ya habíamos estado de paso hace unos cuantos años, en esta ocasión tenemos intención de poder visitarla pausadamente y pasar la noche aquí.

Mirepoix es una localidad histórica situada en el departamento francés del Ariège. En el sudoeste, y en plena Occitania, la Arièja (en occitano). El ambiente de la ciudad se vive en su magnífica plaza porticada. Está rodeada de bellas casas de entramado sobre galerías de madera, resultando muy agradable con sus terrazas de cafés y sus tiendas. Destaca allí la vieja fachada de la casa de los Cónsules, ornamentada con esculturas de madera típicas de la Edad Media.

Al lado de la plaza, la catedral de San Mauricio, dotada de una enorme nave de estilo gótico, donde destaca el campanario, cuya flecha bien afilada, de ocho lados, eleva la cruz terminal hasta los 60 metros, convirtiéndola en la más alta del departamento.

Enseguida tenemos visto el pueblo, y como hemos salido pronto por eso de que a partir de las seis de la tarde empiezan a cerrar los comercios y el pueblo se apaga, nos queda por delante toda una tarde en la autocaravana.

A la mañana siguiente partimos ya rumbo a nuestro principal destino de este puente de diciembre: la capital francesa de Toulouse. Antes de parar en la que será nuestra base de operaciones durante nuestros días en la ciudad, la rodeamos y nos dirigimos hacia el extremo noroeste de Toulouse, donde tras seguir unas claras indicaciones, aparcamos en el museo Aeroscopia.

El museo de Aeroscopia reúne en su salón de 7.000 metros cuadrados los aviones más emblemáticos de la historia. En nuestro caso hemos declinado la opción de combinarlo con una visita guiada a las instalaciones de la fábrica Airbus debido a que los comentarios que leímos en las redes sociales tampoco eran muy alentadores como para excusar el sobrecoste que suponía en los tickets de acceso.

Nada más entrar al museo nos encontramos de frente con el impresionante avión Super Guppy, un avión de carga especializado en cargas voluminosas, al cual se accede mediante un sistema abisagrado de la parte frontal de la aeronave.

La nave principal está dominada claramente por esta aeronave y por el flamante concorde, un avión supersónico de transporte de pasajeros que estuvo en servicio entre 1976 y 2003. Fue construido a partir de los trabajos conjuntos de los fabricantes British Aircraft Corporation y Aérospatiale. Poder entrar a esta nave y ver de primera mano cómo era, te acerca más a entender lo que pudo llegar a ser en su momento como una revolución dentro del transporte de pasajeros.

En la planta inferior podemos contemplar múltiples aeronaves desarrolladas con fines bélicos. Ya en los patios exteriores encontramos otro avión Concorde, y en el patio posterior, otra de las joyas del museo, el descomunal Airbus A380, el avión de pasajeros más grande del mundo. Se trata de la primera aeronave de reacción con dos cubiertas a lo largo de todo su fuselaje. Dispone de una capacidad máxima de 853 pasajeros en una configuración de alta densidad de clase turista. Tiene una longitud de casi 73 metros y 24 metros de altura. A través de un edificio contiguo podemos acceder a la aeronave por su planta inferior, y recorrer las diferentes estancias en los dos niveles.

Tras la interesante visita a este museo aeroespacial, ponemos rumbo hacia la zona noreste de la capital francesa, en busca del parquin de la Cite de l’Espace, donde tenemos referencias para poder aparcar y pernoctar cómodamente para visitar la ciudad. Llegamos y el parking está que no cabe un alfiler. Autocaravanas aparcadas incluso encima de las aceras, en los arcenes… tras quedarnos un rato decidiendo que alternativa tomar, avistamos la intención de un vehículo de abandonar su emplazamiento, con lo que rápidamente nos acercamos a esperar su partida para ocupar la plaza liberada. Solucionado el tema de la pernocta, ya podemos ponernos en marcha hacia el centro de la ciudad mediante la combinación de transporte público. Cogemos la línea de autobús 37 que parte de la cercana parada del museo Cité de l’Espace, y que tras un largo trayecto nos conduce hasta la estación de metro de Jolimont, donde haremos transbordo para coger el metro que nos acerca rápidamente hasta la Plaza Capitole, en la parada homónima.

Una vez ascendemos a la superficie, descubrimos que la tranquilidad y sosiego que hemos disfrutado en los días previos se ha terminado de un plumazo. Calles repletas de gente recorriendo los diferentes enclaves de los mercados Navideños saturan todas las zonas peatonales del centro de Toulouse. Toca cambiar el chip y ponernos en modo visita capital, extremando según que precauciones y programando nuestros pasos.

Durante los dos próximos días recorreremos las calles de Toulouse visitando los mercados Navideños y sus humeantes y aromáticas paradas. En todos ellos encontramos un control de acceso presumiblemente para controlar los aforos, pero dada las ingentes cantidades de gente que encontramos, creo que al final el efecto no es el deseado. El principal y más grande de los mercados es el que se encuentra en la Place de Capitole. Muy cerca encontramos el de la place Charles de Gaulle, y si seguimos hacia el Jardin Pierre Goudouli, donde encontramos un bonito carrusel, podremos acceder al mercado de artesanos situado a lo largo de la Rambla Jean Jaurès.



Dado que dedicamos un par de días a esta ciudad, no solo aprovecharemos para recorrer sus mercados y rincones centrados en la temática Navideña. También hay tiempo para hacer las visitas que normalmente programamos en nuestros reconocimientos más urbanitas. Es por ello por lo que dedicamos un rato a descubrir el encanto del Mercado Municipal de Vico Hugo, un concurrido y amplio edificio donde podemos ver paradas donde degustar diferentes productos regionales y tradicionales. También callejeamos por las diferentes vías que parten a modo de tentáculos como epicentro desde la Plaza de Capitol, donde descubrimos diferente librerías particulares, como los múltiple edificios de Ombres Blanches, la fascinante librería de temática manga Librarie Comptoir du Reve, y sin quererlo, descubrimos la sorprendente Bibliothèque du Patrimoine de Toulouse.

Tendremos tiempo también para recorrer algún típico comercio de las grandes franquicias y finalmente un paseo por la tranquila orilla del río Garona.

Ya solo nos quedará regresar a casa después de disfrutar de unos días de desconexión en familia, descubrimientos de rincones nuevos y acumulación de turistas.


sábado, 19 de enero de 2019

Curso alpinismo


Este ha sido uno de esos fines de semana difíciles de borrar de la retina, tanto por su aspecto lúdico, como por su aspecto más didáctico.

Después de enredar a dos grandes amigos, nos dirigimos hacia la zona de Vallter para realizar un curso de alpinismo de dos días. La semana estuvo entretenida con los preparativos del material. Nunca es fácil hacer una mochila de alpinismo dado que uno siempre intenta encontrar un consenso entre no olvidar nada útil y no llevar más cosas de las imprescindibles. Por otro lado, estábamos un poco escépticos de cómo se desarrollaría la jornada formativa teniendo en cuenta la escasez de nieve que a estas alturas del invierno hay en el Pirineo en general. Y fue ésta preocupación la que lleno las conversaciones de nuestro trayecto hasta el punto de reunión.

Este curso nos brindó la oportunidad de conocer dos grandes monitores: Marc y Boi, así como un gran grupo de divertidas y agradables personas de muy diferente índole, edad y origen, pero con un elemento en común lo suficientemente fuerte como para unirnos firmemente: la pasión por la montaña.

Durante los dos días que ha durado las jornadas formativas hemos realizado multitud de actividades:

-Interpretación de los partes meteorológicos
-Análisis de equipos básicos y de seguridad
-Autodetención en caída sobre nieve con piolet
-Técnicas de progresión sobre hielo
-Progresión sobre roca con crampones
-Teoría y demonstración práctica de nivología
-Prácticas de rescate en nieve con arva, sonda y pala
-Interpretación de planos, orientación y cálculos de rumbos y/o trayectos

Llegada la tarde noche del sábado, aprovechando el cálido cobijo que nos brindaba el refugio de alta montaña, hemos aprovechado para compartir momentos más personales y humanos que nos han servido para conocernos un poco más.


Y finalmente completamos la sesión con la ascensión a las cimas del Gra de Fajol y al Gra de Fajol Petit, bajo el marco incomparable de la valle de Vallter toda blanquecina como consecuencia de la nevada que tuvo lugar durante la noche previa.










lunes, 5 de enero de 2015

Ascensión Roc Colom 2.506m - Costabona 2.464m

Llevábamos tiempo preparando esta escapada. Para esta ocasión las condiciones meteorológicas no eran las más adecuadas. Durante toda la semana había estado soplando un fuerte viento que desplazó la nieve de las cotas altas hacia las valles, dejando las cimas, o bien con nieve dura, o en el peor de los casos, sin nieve.
Las ganas nos podían, y por ello decidimos tirar adelante con la propuesta. El material que llevábamos tampoco era el más adecuado (con éstas condiciones era más acertado perpetrarse unos crampones), pero la escasez de dificultad de la ruta propuesta nos animó a intentarlo.
La ruta nos llevará a recorrer las cimas del Pic de la Llosa (2504,0 m), Pic de Coma Ermada (2496,0 m), Roques Blanques (2456,0 m) hasta alcanzar la cima de Roc Colom (2.506,5 m), el primero de los objetivos de la Jornada. Hasta aquí el uso de las raquetas se hacía necesario.
Nuestro siguiente objetivo era atacar el Costabona, pero para ello, a medio camino nos desprendemos de las raquetas y los palos, pues el recorrido empieza a estar totalmente seco, sin rastro de nieve. Como que volveremos por el mismo trayecto, decidimos dejar aparcado el material sobrante y recogerlo a la vuelta.
Una vez superada la fuerte pendiente hasta la cima del Costabona (2.464,0 m), toca deshacer todo el camino. No podemos demorarnos mucho, pues vamos un poco retrasados con el horario.
Finalizamos la jornada cansados, pues aunque la ruta está exenta de dificultad, es un recorrido largo.
Hemos saboreado una cara menos amable de la montaña, con un día de viento y cerrado; y equipados con un material que no era el más acertado. Pero ello forma parte de las múltiples caras que nos podemos encontrar en la montaña, y nos ayudará a aprender y saber valorar mejor aquellas jornadas en las que casi sin buscarlo todo sale rodado.










sábado, 12 de julio de 2014

Ascensión Pico Tebarray 2.916m





Fin de semana diferente. Para esta ocasión, nos escapamos Susana y yo para disfrutar y poder compartir con la persona que más quiero una de mis mayores pasiones: la montaña. En este caso se trata de una marcha de dos días hasta la cima del Tebarray, a 2.916m de altura. Para ello pasaremos noche en el Refugio de Bachimaña. En las reuniones previas nos comunican que encontraremos nieve en el trayecto, y la necesidad de que todos los integrantes dispongan de crampones para la ocasión.
Todo está preparado para que la mañana del Sábado partamos para nuestro próximo destino: el Balneario de Panticosa. La previsión para todo el fin de semana es buena, aunque eso no quita de la preocupación reinante en los vocales de la excursión por la nieve que todavía hay acumulada en la montaña.
El camino se hace largo. Paramos en la famosa área de servicios de Monrepós, a pie de autovía, unos km pasado Huesca. Allí aprovechamos para encargar unas cuantas madalenas, especialidad de la casa, que recogeremos a la vuelta a casa; y también nos sirve como punto de  reencuentro con otros integrantes de la marcha, que nos reuniremos en breve la totalidad en el refugio del La Casa de Piedra, ya en Balneario de Panticosa. Para mi sorpresa, me encuentro con Sergi, un amigo de la infancia del cual hacía años que no sabía y con el que tendré ocasión de compartir el fin de semana en lo que, al final, se acabará convirtiendo en una inolvidable excursión de alta montaña.
Retomamos la marcha hasta Balneario de Panticosa. Todavía no hay excesiva gente. Almorzamos con calma mientras esperamos la llegada del resto de integrantes de la marcha. Falta poco para iniciar el camino, con lo que sin mayor demora, acabamos de preparar los últimos detalles. Por delante nos quedan 2 horas de fuerte ascensión hasta el refugio de Bachimaña. Se trata de un refugio de nueva construcción con servicio de hospedaje y comida.
Partimos del sendero GR-11 que sale justo detrás del refugio La Casa de Piedra (1.636m). Éste sendero balizado conecta el Balneario de Panticosa con el refugio de Respumoso. La ruta inicial es muy clara, discurriendo al lado del río que baja directamente de los ibones de Bachimaña. Las primeras rampas de la ascensión cuesta encontrar el ritmo. El echo de acabar de almorzar y que el trayecto ya empiece en fuerte pendiente, te deshorienta el ritmo adecuado para marchar.
Susana lo lleva bastante bien. En esta ocasión es muy importante saber dosificarse, puesto que hay que sumar factores como que entre las dos jornadas la excursión será larga, con pocos descansos y acarreando un equipaje de mayor peso y volumen que en otras ocasiones. Su ritmo es alegre y aprovecha la distensión del grupo para mezclarse con los diferentes integrantes. Yo por mi parte, aprovecho estos primeros instantes para ponerme al día con Sergi de nuestra vida y nuestros planes. La subida se me hace muy liguera entre tanta conversación y fotografías. Nos vamos descolgando ligeramente del grupo, pero en todo momento en contacto con los vocales, que son los responsables y sobre los cuales no deseamos crear ningún referente de disgregación.
Tras una breve bajada, nos acercamos a la Cuesta del Fraile. La cuesta sube en fuerte pendiente zigzagueando hasta alcanzar el Ibón Inferior de Bachimaña. Es en éste punto donde aparecen los primeros contratiempos del grupo. Varios integrantes parece que tienen dificultades para afrontar la fuerte subida, con lo que decidimos que algunos de nosotros los acompañaremos adecuando nuestro ritmo a sus necesidades. Tras este esfuerzo, finalmente alcanzamos nuestro objetivo: el Ibón Inferior de Bachimaña. El camino GR sigue por la izquierda del ibón. Ésta será la senda a seguir en la Jornada de mañana. Nosotros cruzamos la presa por el puente habilitado para ello hasta alcanzar el Refugio de Bachimaña.
En el punto en el que nos encontramos es bastante abierto, y la sensación térmica es muy fría, provocada por las corrientes de viento y la nieve acumulada en las cotas altas.
Sin tiempo para descansar, nos comunican el segundo contratiempo. En este caso las consecuencias no han sido graves, pero podrían haberlo sido, y de sobremanera. Uno de los integrantes ha tenido un percance en el Ibón y se ha caído, teniendo serias dificultades para poder salir. Por suerte, la rápida colaboración de compañeros y los integrantes del refugio han permitido que quedara solo en un susto.
Toca abrigarse, hacer el reparto (o más bien adjudicación) de camas y disfrutar de lo que queda de tarde rodeado de muy buena compañía y unos paisajes espectaculares. Realmente me siento muy feliz de encontrarme en este lugar y poder compartirlo con Susana. Ella no acaba de mostrarlo con palabras, pero su cara refleja felicidad. Felicidad de estar aquí (totalmente nuevo para ella hacer noche en un refugio), de estar juntos en un ámbito que sabe que a mí me llena de bienestar, y de respirar tan buena armonía y tranquilidad en todo lo que nos rodea en estos instantes. Ojalá pudiéramos grabar para siempre esta sensación. En nuestra retina quedará para el recuerdo.
Va cayendo la noche, y con ella el sol, lo que hace que la temperatura y sensación térmica sea cada vez más baja. Entramos al comedor para reunirnos en la hora de la cena. Somos diferentes grupos de alpinistas con diferentes proyectos a realizar en la jornada siguiente. El ambiente que se respira es de hermandad y compañerismo. Nadie es más ni menos, todos somos iguales. No importa edad, habilidades, condición física, todos somos hermanos. Risas, anécdotas y consejos se mezclan en las conversaciones.
Tras la cena, volvemos a salir por última vez a la terraza panorámica. El cielo está impresionante y en el horizonte, tras la silueta recortada de las montañas, se atisba una claridad que nos anuncia la inminente salida de la luna llena. Tras varios minutos de espera, Susana decide recogerse para descansar. La jornada de mañana es larga y no quiere negociarle más minutos de descanso al reloj.
Por mi parte, me quedo un rato más con los pocos integrantes que quedan a disfrutar de estos momentos. En el refugio tienen prohibida la entrada a animales, e incomprensiblemente no pueden hacer una excepción con un perro de unos compañeros Vascos. Con la que está cayendo. Con la ayuda de unas banquetas y unas mantas térmicas adecuamos lo que debería ser una especie de refugio en un rincón poco expuesto a las corrientes de aire. Al final queda bastante bien protegido para asegurarle una noche en condiciones al animal.
Se va haciendo tarde y me resisto a abandonar este lugar, pero toca descansar. Me dirijo sigilosamente a mi cama. Es ya tarde. Las luces están apagadas, y por respecto al descanso del resto de montañeros, no se puede hacer ruido ni encender luces. Estoy para ponerme a dormir, pero soy incapaz de encontrar la manta que con tanto cariño había preparado a la llegada al refugio. A ciegas trato de localizarla por el suelo o alrededor de la maleta, pero sin éxito.
Por suerte los guardas del refugio todavía tienen alguna más. A la postre, resultaría que a la mañana siguiente Susana me muestra la manta que había cogido temporalmente de mi litera para quitarse el frio de la noche y no pensó en devolverla. En fin, unas risas y ya está.
A la mañana siguiente, los más madrugadores y cachondos nos deleitan con el toque de queda. Es muy temprano, y no es fácil desperezarse. Hemos descansado muy bien. Sin prisa pero sin calma, nos vamos preparando para la jornada, adaptando las mochilas y la vestimenta a las condiciones del día. El silencio reinante y el ruido del tragín de montañeros arriba y abajo por las habitaciones es una melodía inconfundible que nos avisa de la importancia de la Jornada que nos depara el día. Un murmullo inconfundible y el cual me encanta sentir y vivir, y que queda reservado solamente para las grandes ocasiones.
Desayunamos algo ligero en el comedor y nos reunimos todo el grupo en el exterior del refugio, donde se darán las instrucciones del día. Amanecemos con un cielo totalmente despejado, aunque la ausencia del sol a estas horas hace que, junto a las latitudes que nos encontramos y las reservas de nieve que quedan, el ambiente reinante sea muy gélido.
Sin mucha demora, para no coger frío, nos ponemos en marcha. En estos primeros compases de la marcha, el grupo avanza estirado y en silencio. Flanqueamos el Ibón inferior de Bachimaña por el lado izquierdo, siguiendo las balizas del sendero GR. Pronto nos cruzamos con un paso que requiere mucha atención. Se trata de una pequeña lengua de nieve que se encuentra totalmente helada. Es el momento para aprovechar y dar de nuevo instrucciones para asegurar el paso. Alcanzamos el Ibón Superior de Bachimaña, mucho más extenso que el Inferior, y que también bordeamos por la izquierda. Seguimos ascendiendo hacia nuestro siguiente objetivo.
Superados éstos Ibones, nos encontramos con otra dificultad. Para seguir el camino propuesto, debemos cruzar el torrente procedente de los deshielos, que dado la cantidad de nieve acumulada todavía en las montañas, y las épocas del año en que nos encontramos, bajan con un caudal importante, con lo que las rocas que podrían servir de piso están totalmente cubiertas por el torrente. Mientras unos cuantos integrantes optan por descalzarse y cruzar con calzado de agua, otros se aventuran a intentarlo apoyándose en las rocas que están ligeramente cubiertas por el caudal del torrente. Nosotros optamos por la primera, ya que veníamos preparados para la ocasión. En este flanqueo dedicamos demasiado tiempo entre descalzarse, calzarse y reagruparse, con lo que sin más demora proseguimos la marcha. Empezamos pisando nieve con más constancia. Por suerte ya no se encuentra helada como a primera hora de la mañana, con lo que es de mejor acceso. El desnivel que debemos superar ahora es más pronunciado, y en el grupo empiezan a aparecer muestras de cansancio. Demasiado pronto para la jornada que nos espera. Avanzamos por el espectacular paso que flanquea el Ibón Azul inferior, un poco expuesto, pero con unas instantáneas increíbles. Poco a poco vamos aproximándonos a nuestro próximo objetivo, que no es otro que la base de los Infiernos, a la altura del Ibón Azul Superior. Es aquí donde decidimos hacer un alto para el almuerzo y donde se deben tomar las primeras decisiones que afectan a parte del grupo. A partir de aquí debemos afrontar una fuerte subida hasta el Collado del Infierno, toda ella por nieve, y en la que se harán indispensable el uso de crampones. Es por ello que se recomienda que todo aquel que no disponga de ellos, o aquellos que crean que su condición física no les permitirá afrontar lo que queda de marcha, no sigan avanzando y se queden en este punto con el vocal correspondiente.
Finalizado el almuerzo, procedemos a equiparnos con los palos y crampones. Para Susana es la primera ocasión que se los calza, con lo que procuro estar pendiente de ella ante cualquier eventualidad. El recorrido no es muy técnico, pero sí que hay que tener una serie de precauciones para adaptarse a las nuevas condiciones. Las instantáneas que vamos recogiendo del grupo en la marcha ascendente son espectaculares. Con mucho esfuerzo alcanzamos el Collado del Infierno, donde debemos abrigarnos para soportar el frío provocado por las fuertes corrientes de aire. 






Desde aquí tenemos unas vistas privilegiadas del Pico de los Infiernos, el Ibón de Tebarray y de la propia cima del Tebarray. El camino vuelve a estar despejado, con lo que debemos descalzarnos de los crampones. Estas maniobras ralentizan bastante la marcha, dado el gran número de componentes del grupo.
Flanqueamos horizontalmente hacia la derecha el Ibón, hasta el Collado de Tebarray. A partir de este punto, la ascensión se vuelve un poco más técnica, con pequeños pasos donde deberemos ayudarnos de las manos y donde estamos un poco más expuestos. La pendiente ha aumentado considerablemente y el último esfuerzo hasta alcanzar la cima acaba resultanto bastante duro. Finalmente conquistamos nuestro objetivo. Pico de Tebarray. 2916m. No obstante, no es el pico más alto que asciende Susana, pues en su palmarés ya disfruta de un tres mil, concretamente la ascensión al Teide, que hicimos hace ya unos cuantos años.
Las vistas son excelentes, siendo además un día muy limpio lo que hace que disfrutemos entre muchos otros picos de los cercanos Infiernos, Garmo Negro, Argualas, Facha, los no tan cercanos Balaitus, Frondellas, Telera, Midi d'Ossau o los lejanos Tallón, Perdido, Petrechema, Anie. La mayoría de ellos los reconocemos por la ayuda de Carlos, que entendido de la materia, nos los va reconociendo uno a uno.
Me resisto a abandonar la cima. De hecho, somos de los últimos en hacerlo, pero realmente no vamos muy bien de horario y no podemos alargar mucho las paradas. El paisaje es sobrecogedor, dominado por unas cimas todas ellas entrecubiertas por un manto blanco de nieve.
La bajada hasta el Ibón Azul Superior resulta bastante rápida. En éste punto guardamos definitivamente los crampones. Tras una breve parada para comer algo y guardar definitivamente los crampones, proseguimos la marcha en claro descenso. Para esta ocasión se toma una vía alternativa, evitando tener que volver a cruzar el torrente por su punto más complicado. Poco a poco alcanzamos los Ibones Superior e Inferior de Bachimaña y el refugio, donde deberemos recoger el material que depositamos para evitar transportarlo durante toda la travesía. La Cuesta del Frailes en esta ocasión en sentido descendente, se me atraganta. Llevo las piernas muy cargadas y requiero del apoyo de los bastones para evitar rampas. Susana me sorprende gratamente pues, pese al evidente cansancio por la larga Jornada, físicamente lo lleva bastante bien. La veo más entera que yo en el aspecto físico. El ritmo de bajada es alto debido a que llevamos bastante retraso con el horario marcado. Este ritmo, junto con las molestias en las piernas que me llevan acompañando desde hace bastante rato, me lastran el avance. Este último tramo de bajada se me hace muy largo y pesado, pero no por ello dejo de disfrutarlo, pues la montaña tiene también estos momentos que, aunque duros en un primer momento, reconfortan plácidamente una vez superados.
Alcanzamos a ver las primeras señales de que estamos cerca de Balneario de Panticosa. En pocos minutos nos reencontramos en el Refugio de la Casa de Piedra con los compañeros que no atacaron el ascenso a la cima. Queda solo tiempo para una breve exposición de cómo ha ido la jornada y las emotivas despedidas.
Ya en el camino de vuelta parada en el área de Montrepós para recoger el encargo de madalenas y proseguimos el viaje de regreso. Llegamos ya de noche a Igualada. Recogemos a Joan y María, con los cuales no hemos podido casi tener contacto en todo el fin de semana. La excitación de ellos por reencontrarnos y nuestro cansancio no son buenos aliados, pero las ganas de volver a estar junto a ellos posponen nuestro agotamiento unas horas.
Al parecer ellos también han disfrutado de un intenso fin de semana, donde han coincidido con las fiestas populares del barrio, han participado en una sardinada familiar, y hasta se han atrevido con unos Caracoles a la Olla.
Llega el momento de recuperarse, dejar paso a las más que probables agujetas que sufriremos, a digerir todo lo acontecido durante el fin de semana y a atender a las historias que nos tienen preparadas los peques con todo lo que el fin de semana les ha deparado.
Gracias Susana por querer compartir algo tan grande.
Te quiero.

Adjunto la crónica de la própia colla excursionista.
CEVCAMI

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sábado, 8 de marzo de 2014

Pedró dels Quatre Batlles 2.386,5m

Después de varios intentos fallidos por diferentes motivos, finalmente pudimos bautizarnos con las raquetas de nieve. El lugar escogido ha sido en la Serra d'Encija, concretamente en el Pedró dels Quatre Batlles (2.386,5m). Después de una semana de leves nevadas, el sábado amaneció un día despejado y con una montaña que nos regalaba la mejor de sus versiones.
Aquí dejo un resumen de la jornada en forma de vídeo, editado de manera espectacular por Carles. En él se puede apreciar la espectacularidad del día que pudimos disfrutar.











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