Wrocław - Polonia
Cuando llegamos a la Hala Targowa de Wrocław, nos encontramos ante uno de los edificios más curiosos de la ciudad. A primera vista puede parecer una especie de fortaleza o incluso una iglesia, por sus grandes muros de ladrillo, sus torres y sus enormes ventanales. Sin embargo, estamos ante un mercado, y lo interesante es que lleva cumpliendo esta función desde hace más de cien años. La Hala Targowa, que significa literalmente “mercado cubierto”, abrió sus puertas en 1908, cuando Wrocław todavía se llamaba Breslau y pertenecía al Imperio alemán.
A comienzos del
siglo XX, Breslau estaba creciendo muchísimo y los mercados al aire libre ya no
eran suficientes para una ciudad de ese tamaño. Además, había problemas
relacionados con la higiene y con la conservación de los alimentos. Por eso las
autoridades decidieron construir grandes mercados cubiertos donde los
comerciantes pudieran trabajar durante todo el año, protegidos de la lluvia, el
frío y la nieve. Se construyeron dos grandes mercados, y este de la calle
Piaskowa es el único que ha llegado hasta nuestros días.
Lo curioso es
que, aunque hoy lo vemos como un edificio histórico, en el momento de su
construcción era un edificio tremendamente moderno. La estructura interior está
formada por enormes arcos de hormigón armado que permiten crear un espacio muy
amplio y abierto, prácticamente sin columnas que dificulten la circulación. Hay
que imaginar que a principios del siglo XX el uso de este tipo de estructuras
era todavía bastante novedoso. Por eso la Hala representa muy bien ese momento
en el que la arquitectura estaba empezando a combinar las nuevas tecnologías
industriales con estilos arquitectónicos más tradicionales.
Y precisamente
por eso, si entramos dentro, merece la pena levantar la mirada. El interior es
probablemente la parte más espectacular del edificio. Los enormes arcos se
repiten a lo largo de la nave y crean una sensación casi de catedral. De hecho,
hay visitantes que cuando entran por primera vez se sorprenden porque esperan
encontrarse simplemente con un mercado y se encuentran con un espacio que
recuerda mucho más a una gran estación, una iglesia o una construcción
industrial monumental.
El aspecto
exterior tampoco es casual. Antes de que se construyera la Hala, en este lugar
existía el llamado Arsenal Piaskowy, un edificio histórico que había servido
como arsenal. Cuando se decidió construir el mercado, aquel edificio fue
demolido, pero algunos elementos se conservaron y se incorporaron a la nueva
construcción. Si nos fijamos en la fachada podemos encontrar, por ejemplo, unas
grandes bolas de piedra que pertenecían al antiguo arsenal. Es un detalle
pequeño, pero sirve para recordar que la historia del lugar es mucho más
antigua que la propia Hala.
También podemos
encontrar elementos decorativos que representan escenas relacionadas con la
actividad del mercado. Uno de los más curiosos es una escultura de una
vendedora que aparece protegida con un paraguas, como si estuviera intentando
resguardarse del mal tiempo. Y esto tiene bastante sentido, porque precisamente
uno de los objetivos de construir la Hala era acabar con los inconvenientes de
los antiguos mercados al aire libre. Es como si la propia fachada nos estuviera
contando por qué se construyó el edificio.
Una vez dentro,
sin embargo, toda esa arquitectura monumental queda mezclada con algo mucho más
cotidiano: la vida de un mercado. Aquí podemos encontrar frutas, verduras,
carne, embutidos, pescado, pan, dulces, flores y muchos otros productos.
También hay pequeños comercios y lugares donde comer o tomar algo. Durante
décadas han existido además negocios tradicionales y pequeños servicios, como
zapateros, relojeros o peluquerías. Por eso la Hala no es simplemente un
monumento que visitamos para hacer fotografías, sino un lugar que continúa
teniendo una función real dentro de la ciudad.
Y eso es precisamente una de las cosas que hacen especial a este edificio. En muchos lugares de Europa encontramos antiguos mercados que han sido restaurados y transformados en centros comerciales, restaurantes o espacios turísticos. Aquí, en cambio, todavía podemos ver a los habitantes de Wrocław haciendo algo tan sencillo como comprar verduras, carne o flores. Es decir, mientras estamos admirando una construcción de más de un siglo de antigüedad, la vida cotidiana continúa exactamente dentro de ella.
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Así que cuando
caminamos por la Hala estamos, de alguna manera, caminando por diferentes
etapas de la historia de la ciudad. El edificio nació en la época alemana de
Breslau, sobrevivió a la guerra, continuó funcionando en la nueva Wrocław
polaca y ha llegado hasta el siglo XXI manteniendo su función original.
Actualmente la
Hala está protegida como monumento histórico y forma parte del patrimonio de
Wrocław. Pero lo interesante es que no se pretende convertirla en un museo. La
intención es conservar su carácter de mercado y, al mismo tiempo, hacer que sea
un espacio todavía más atractivo para los habitantes y visitantes, incorporando
actividades gastronómicas, artesanales, culturales y sociales.



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