Turin - Italia
La Biblioteca
Nazionale Universitaria di Torino es una de las instituciones culturales más
importantes de Italia y un referente histórico en la conservación del
patrimonio bibliográfico europeo. Su origen se remonta a 1720, cuando el rey
Víctor Amadeo II decidió fundar una gran biblioteca que reuniera el
conocimiento del Reino de Saboya. Poco después, en 1723, comenzó a funcionar
vinculada a la Universidad de Turín, con el objetivo de servir tanto a
estudiantes como a estudiosos.
A lo largo del
siglo XVIII y XIX, la biblioteca experimentó un notable crecimiento gracias a
la incorporación de importantes colecciones. Entre ellas destacan las
bibliotecas ducales de los Saboya, fondos universitarios y numerosas donaciones
privadas. Además, tras la época napoleónica, muchas bibliotecas religiosas
fueron suprimidas y sus libros pasaron a formar parte de esta institución, lo
que incrementó considerablemente su valor cultural. En 1873, ya en el contexto
de la Italia unificada, la biblioteca adquirió oficialmente el estatus de
Biblioteca Nacional, consolidándose como uno de los principales centros
bibliográficos del país.
Sin embargo, su
historia no ha estado exenta de dificultades. En 1904, un devastador incendio
destruyó una parte muy significativa de sus colecciones, incluyendo numerosos
manuscritos de gran valor. Décadas más tarde, durante la Segunda Guerra
Mundial, el edificio sufrió graves daños a causa de los bombardeos. A pesar de
estas tragedias, la biblioteca logró recuperarse gracias a esfuerzos de
reconstrucción y a la solidaridad internacional, ya que muchas instituciones y
particulares contribuyeron con nuevas donaciones de libros.
El edificio
actual, reconstruido entre 1958 y 1973, se encuentra en la céntrica Piazza
Carlo Alberto de Turín, frente al histórico Palazzo Carignano. La estructura
combina elementos antiguos con un diseño moderno, ya que se conservó parte de
la fachada histórica mientras que el interior fue completamente renovado. En su
interior destacan amplias salas de lectura, diseñadas para acoger a un gran
número de usuarios, así como espacios especializados destinados a la
conservación de manuscritos, incunables y colecciones históricas. La
organización del edificio responde a criterios funcionales, separando las áreas
de consulta pública de los depósitos donde se preservan los fondos más
delicados.
En la actualidad, la biblioteca alberga cientos de miles de volúmenes, entre libros, revistas y documentos históricos. Entre sus tesoros más valiosos se encuentran importantes manuscritos musicales, especialmente los autógrafos de Antonio Vivaldi, que constituyen una de las colecciones más relevantes del mundo en este ámbito. También conserva incunables —libros impresos antes de 1501— y documentos que permiten estudiar la evolución cultural de Italia y Europa.
Como
curiosidad, tras el incendio de 1904, la biblioteca recibió apoyo internacional
en forma de donaciones de libros, lo que permitió reconstruir parcialmente su
colección. Además, fue una de las primeras bibliotecas públicas del Reino de
Italia, lo que refleja su importancia en la difusión del conocimiento. Hoy en
día, la Biblioteca Nazionale Universitaria di Torino no solo es un lugar de
estudio, sino también un símbolo de resistencia cultural, capaz de superar
catástrofes y seguir desempeñando un papel fundamental en la preservación de la
memoria histórica.
Durante nuestra
visita pudimos acceder a la sala de la colección de María Cristina de
Borbón-Dos Sicilias. Gran parte de su riqueza proviene de legados
vinculados a la nobleza del Reino de Cerdeña, siendo la colección de María
Cristina de Borbón-Dos Sicilias, reina consorte, uno de los núcleos más
destacados. María Cristina, reconocida por su interés en la cultura y la
educación, reunió a lo largo de su vida una biblioteca personal compuesta por
manuscritos, incunables, libros de arte y documentos administrativos, muchos de
los cuales reflejan tanto la historia política del Reino de Cerdeña como la
vida cotidiana y los intereses culturales de la aristocracia europea de la
época.
Tras su
fallecimiento, estas colecciones privadas fueron donadas o incorporadas al
acervo público, permitiendo que investigadores y ciudadanos tuvieran acceso a
materiales que anteriormente eran patrimonio exclusivo de la corte. La sala
dedicada a estos fondos conserva hoy no solo libros y manuscritos, sino también
correspondencia, documentos oficiales, inventarios y registros que permiten
reconstruir la formación de la biblioteca real y su evolución hacia un espacio
público.
Tras ese
incendio, la institución emprendió operaciones de recuperación y
restauración sin precedentes en Italia: se habilitó un laboratorio de
restauración para estudiar y atender los manuscritos dañados.
Aunque la sede
actual de la biblioteca en Piazza Carlo Alberto fue inaugurada más tarde (en
1973), la memoria del laboratorio histórico de restauración se conserva de modo
permanente, con reconstrucciones y herramientas originales, y forma parte de
los espacios dedicados a mostrar cómo se trabajaba con los manuscritos dañados
tras el incendio de 1904.
En esa
reconstrucción se exhiben herramientas y equipos de restauración de principios
del siglo XX, como:
-Prensas de
libro y cámaras de humidificación
-Dispositivos
para separar y alisar hojas pegadas
-Instrumentos
químicos usados en tratamientos de limpieza y recuperación
Esto forma parte de una historia técnica y documental de la conservación: tras el fuego, muchos manuscritos quedaron erguidos en bloques sólidos por el calor o se contaminaban por el agua usada para apagar las llamas, lo que exigió soluciones novedosas para esos tiempos.
Después de los
primeros años del siglo XX,
el continuó evolucionando. Fue trasladado varias veces
y dirigido por expertos en restauración; en décadas posteriores (especialmente desde los años 1970 en
adelante) se consolidó como un sitio en el que se trabaja técnicas modernas de conservación y
restauración sobre manuscritos y volúmenes antiguos.



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